gracias.
Por los que estaban en la despedida y los que no estaban, les quería dejar con estas palabras que vienen del fondo de mi corazón.Desde la primera despedida que vi, cuando se fueron los STINT en el 2003, me preguntaba cómo sería mi despedida. No me imaginaba que serían unos siete años después. Y acá estamos… enfrentando el momento crítico. No creo que jamás podría haberme imaginado cómo se siente mi corazón ahora… tan lleno de tantas emociones.
Sé que acá en Argentina, el costumbre en una despedida es honrar al que se está yendo. Pero a verdad es que hoy… este momento… tiene todo que ver con ustedes. No sería despedida si no tenía a quién despedir. Entonces quiero honrarles a ustedes y a este país, esta cultura, esta ciudad que me tomó como uno de los suyos.
Gracias, La Plata, por llevarme a 7 y 50 y finalmente entender lo que es festejar y disfrutar el hoy, aún si mañana viene con sus problemas. Gracias por hospedarme por tantos años en tu ciudad que es como un pueblo… adonde puedo disfrutar de una corrida en el bosque, de cortar camino con los diagonales, de llegar a todos lados en mi bici, de encontrarme con amigos en la calle y detenerme para hablar aunque ya estoy llegando tarde. Gracias, Argentina, por enseñarme a disfrutar de la vida y no preocuparme tanto por si todo va de acuerdo con mis planes. Gracias por ser un lugar donde la ente te abre las puertas, te ofrecen un mate, y te hacen relajar porque aunque no sos de acá, estás como en casa.
Gracias a mis compañeros de trabajo… los coordinadores y los STINT (pasados y presentes) por acompañarme en este llamado que nos dio Dios de compartir de su gracia y libertad y esperanza con los estudiantes de La Plata y de todo Argentina. Gracias por aguantar mis altos y bajos, mis momentos de alta motivación, y los caminos de agotamiento que también travesamos juntos. Gracias por ser partícipes en el plan divino de Dios y por rendir cosas preciosas para poder seguirle a El. Le pido a Dios que les haga acordar el privilegio que es servirle… y que les de las fuerzas de seguir sirviendo con todas sus vidas.
Gracias todos los chicos de Vida que, por una razón que no entiendo, confiaron en mi y en mi liderazgo. Gracias por tener gracia conmigo cuando les fallé, y gracias por apoyarme en cada aspecto del ministerio. Gracias por comprometer sus vidas con lo que está haciendo Dios acá en La Plata y en todo el país. Le pido a Dios que les guíe claramente en sus vidas hacía El y hacía esta misión tan importante de compartir su mensaje con sus compañeros de cada facultad de La Plata.
Gracias a mis amigos por enseñarme disfrutar los momentos milagrosos que pasan todo el tiempo. Gracias por mostrarme que la única herramienta necesaria de poder descubrir hasta el alma de alguien es una vasija de calabaza y una pava de agua caliente. Gracias por quererme con mis locuras compartir en mis risas y carcajadas… por acompañarme al cine, a comer, a hacer trámites, o aún no hacer nada… juntos. Gracias por enseñarme que una amistad no tiene que ver con un idioma, una cultura, una experiencia, sino de dejar que el otro realmente te importe. Gracias, entonces, por mostrarme que les importo. Le pido a Dios que les muestre cuán importantes son para i y para El.
Y… esto me va a costar… gracias a mis chicas… mis hermanas de alma. La verdad es que no sabía que amistades podrían llegar tan profundas. Gracias por acompañarme, contenerme, y atajarme en algunas de las alegrías más lindas y las decepciones más difíciles de mi vida. Gracias por reflejar la gracia de Dios en quererme por quien soy ahora… no por quien aspiro ser. Gracias por ser más cerca que familia, más fiel que amigas… por ser fieles y firmes cuando más las necesitaba. No puedo concebir no verlas cada jueves a la noche, no hacer pijamadas en la residencia Pope-del Viso, en hablar por horas de las teorías de Lost. Sé que son regalos de Dios en mi vida, y aunque los caminos se dividen ahora, sé que siempre nos vamos a acompañar… hasta que haya más canas en nuestras cabezas que otra cosa. Las amo. Y le pido a Dios que les siga capturando con su belleza… y que les siga transformando en las mujeres bellas y auténticas que las conozco ser.
Y finalmente… gracias, Dios. Gracias por dejarme verte… tu persona, tu carácter, tu cara. Gracias por moldearme a ser más la persona que querés que sea… aunque duele horrores. Gracias por ser mi Padre, y por dejarme sentar upa y descansar en tu pecho… por dejarme escuchar tu dulce voz que me ruega confiar en vos. Gracias por liberarme de cosas que pensé que iban a esclavizarme para toda la vida. Gracias por abrir mis ojos a ver todo lo que sos y todo lo que tenés para mi. Gracias porque hace siete años la viste a una estudiante de lingüística en Los Ángeles, y decidiste cambiar su vida para siempre por llamarla a un país llamado Argentina.


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